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Vuelva a leer el artículo de opinión de Víctor Calvo-Sotelo en el diario económico Expansión

El diario económico Expansión publicó esta semana el siguiente artículo del director general de DigitalES, Víctor Calvo-Sotelo:

Telecomunicaciones, el motor de la España ‘pos-Covid’

Hoy es un buen día para recordar que en España tenemos la suerte de contar con las mejores infraestructuras de conectividad de Europa. Es una ventaja competitiva que cobra especial valor en un mundo crecientemente global e interconectado. Es la oportunidad, en definitiva, de aprovechar esa magnífica base para seguir siendo referentes en la era 5G.

Recientemente hemos dado un paso importante hacia esa España digital del futuro. Me refiero a la última subasta de frecuencias del espectro radioeléctrico, la de la banda de 700 megahercios (MHz). Por ella discurrirán las grandes redes 5G en España, las más potentes, las que conseguirán mayor cobertura. Ha sido una subasta breve, donde tres de los siete bloques han quedado desiertos y la recaudación total ha sido significativamente inferior a la que anticipaba el Gobierno en los PGE de este año. Datos llamativos, sin ninguna duda, pero en cierto modo esperables, dada la difícil coyuntura financiera de las ‘telecos’ en toda Europa. España no es una excepción.

Ha pasado una década desde la subasta de 800 MHz. En aquella ocasión, las operadoras en España pugnarían por liderar la era 4G. Tuve la fortuna de vivir aquella evolución en primera persona, como secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información. Eran tiempos de bonanza financiera para el sector. Sin embargo, a pesar de que el volumen de servicios de telecomunicaciones contratados no ha parado de crecer, en estos últimos diez años una tercera parte de los ingresos y una cuarta parte del empleo de los operadores han desaparecido. La revolución digital ha traído consigo una paradoja: las empresas que invierten en infraestructuras no son las mismas que recogen los réditos económicos de la digitalización.

Hablamos de unas inversiones nada desdeñables, que este año podrían oscilar entre los 5.000 y los 6.000 millones de euros. Cantidades a las que se suman una presión fiscal que duplica en términos relativos la media europea, o el propio desembolso que entrañan este tipo de pujas por el derecho de uso de las frecuencias.

A pesar de todo, el compromiso del sector por mantener a España como un país referente en infraestructuras de telecomunicaciones sigue intacto. Un compromiso que, además, sentimos que es compartido por las Administraciones en nuestro país. Sin ánimo de caer en lugares comunes, esta pandemia ha evidenciado el papel estratégico de la industria tecnológica y de innovación, como canalizadora de una parte creciente de la actividad social y económica del país.

El Gobierno español ha decidido -a mi juicio, de forma acertada- destinar más del 28% de los fondos europeos de recuperación a proyectos para la transformación digital de empresas, administraciones públicas y ciudadanos. El volumen de proyectos y -más importante aún- las reformas del Plan van a tensionar enormemente la capacidad de las instituciones públicas y las empresas privadas, a lo largo de varios años. Por eso, sólo a través de la colaboración público-privada lograremos ejecutar los fondos, y hacerlo de forma que su impacto perdure.

Desde la patronal DigitalES reconocemos también los esfuerzos que se están realizando desde el Gobierno por revisar la fiscalidad y los trámites administrativos aparejados a los despliegues de redes 5G. Todos los trabajos encaminados a evitar distorsiones indeseadas de mercado o situaciones de competencia desleal, así como a mejorar la competitividad del sector, redundarán en una agilización en la extensión de la cobertura 5G por nuestra geografía. En última instancia, en un momento como el actual, las medidas de apoyo al sector de telecomunicaciones se convierten en medidas para la recuperación pos-Covid del conjunto de España.

Vivimos, por tanto, tiempos inciertos pero igualmente ilusionantes. La industria ‘telco’ tiene un fortísimo efecto tractor que podemos y debemos aprovechar para la recuperación pos-Covid. Por cada puesto de trabajo dedicado a los servicios de telecomunicaciones, en España se generan 5,32 puestos inducidos en otras áreas productivas. Además, la productividad de esta industria duplica la media española y es la mayor de toda Europa. Son datos de un informe presentado el viernes pasado por la Cámara de Comercio de España.

El impacto multiplicador del 5G será previsiblemente muy superior al de las tecnologías antecesoras. El 5G puede ser la clave para la relocalización de la producción, la atracción de filiales e inversiones internacionales y la transformación del modelo económico de España. Esto es así porque ofrece una latencia (tiempo de respuesta) muy inferior al de las tecnologías actuales y porque hace posible un uso más eficiente del espectro radioeléctrico, con un ancho de banda (tanto de bajada como de subida) mucho mayor. Dicho de otro modo, ahora sí vamos a ser capaces de conectarlo todo a nuestro alrededor y extraer ‘inteligencia’ de ello: coches, carreteras, maquinaria, mobiliario urbano, prendas de vestir… Es difícil imaginar cómo serán nuestras rutinas, personales y profesionales, dentro de apenas otros cinco años.

Por suerte, en España somos también líderes en proyectos piloto de tecnologías 5G, a través de los que tratamos de identificar potenciales utilidades y modelos de negocio innovadores. Esa anticipación nos permitirá arrojar un poco de certidumbre a un futuro tan desconocido como alentador.

El sector de telecomunicaciones está preparado para asumir el reto. En este año y medio, la industria ha demostrado sobrada profesionalidad, solvencia y sentido de la responsabilidad social. Con el debido apoyo, entre todos, conseguiremos desplegar en España redes aún más densas y rápidas, que sean la palanca para la tan necesaria transformación de nuestra economía.

Es el momento para reconocer el papel esencial que tiene la tecnología en nuestras vidas, para aprovechar la oportunidad histórica que nos brinda Europa, y para mirar con ilusión hacia un futuro que será tan próspero como, entre todos, construyamos.


 

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