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¿Cómo puede la digitalización reducir la obesidad infantil?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aseguró el viernes que la obesidad infantil es «un asunto de Estado». Lo hizo durante la presentación del Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil, a la que asistimos desde DigitalES -Asociación Española para la Digitalización-.

Este plan, al que han apodado “En Plan Bien” y que ha sido diseñado por el Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil, vincula la alta incidencia de obesidad entre los menores con la pobreza. Las cifras constatan que la obesidad infantil tiene el doble de prevalencia en niños y niñas en hogares con menos ingresos. Por eso, el primer objetivo del Gobierno es el acceso a alimentación y hábitos de vida saludables por parte de estos pequeños y sus familias.

Desde DigitalES creemos que una digitalización accesible y asequible representa una gran ayuda para las personas vulnerables, como espacio a través del que acceder a productos, información, oportunidades formativas y laborales, y a otras personas con las que comunicarse. Por supuesto, para extraer todos los beneficios de la revolución digital es fundamental seguir incidiendo en la formación para un uso responsable de Internet.

Por eso, la patronal DigitalES forma parte de la Alianza País Pobreza Infantil Cero desde sus inicios, impulsada por el mismo Alto Comisionado para involucrar a administraciones públicas, empresas, fundaciones, tercer sector y sociedad civil en este “asunto de Estado”. La obesidad infantil acarrea consecuencias físicas, mentales y sociales que pueden extenderse durante la edad adulta, con importantes efectos socioeconómicos. En este sentido, la obesidad infantil es causa y consecuencia de la desigualdad en nuestro país. La digitalización puede ayudar a romper ese círculo vicioso, mitigando las brechas socioeconómicas preexistentes y favoreciendo sociedades más equitativas.

La digitalización puede contribuir a universalizar y a mejorar la calidad de servicios determinantes para el bienestar personal, como la educación, la empleabilidad o la privacidad, independientemente de su nivel de renta. Es una revolución universal, pero cuyos efectos son especialmente determinantes sobre aquellas personas en riesgo de exclusión, así como mayores, personas dependientes, mujeres y menores.

Tecnología, ¿parte del problema o de la solución?

La tecnología es sin duda parte de la solución, pero las respuestas a los grandes desafíos sociales no llegarán de manera espontánea. Melvin Kranzberg, que fue profesor de historia de la tecnología en el Instituto de Tecnología de Georgia y un reconocido teórico sobre la materia, sostenía que «la tecnología no es buena ni mala, ni es neutral». Kranzberg nos recordó también que «la tecnología es una actividad muy humana». El propio sector de la economía y la industria digital en España, representado por DigitalES, encabeza la sensibilidad por un desarrollo tecnológico con valores, que siempre priorice a las personas.

Los esfuerzos regulatorios que llegan desde Europa, con las Directivas DSA y DMA como ejemplos más recientes, van también en esa dirección hacia una digitalización por y para las personas, que favorezca el bienestar social y económico de los países de la UE.

 

Fotografías: Carmen Sánchez.