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Cómo el Libro Blanco de la UE puede situar a Europa en la primera línea de la Inteligencia Artificial

El Libro Blanco de Inteligencia Artificial, recientemente presentado por la Comisión Europea, es un documento de reflexión para  situar a la UE en primera línea de estas tecnologías. Para lograrlo se basa principalmente en dos premisas: crear un ecosistema de excelencia, con mayores inversiones en investigación, y crear un ecosistema de confianza, con mejoras para cubrir los posibles riesgos asociados a la inteligencia artificial.

En 2016 se invirtieron 3,2 billones de euros en Europa en investigar la Inteligencia Artificial, mientras que en Estados Unidos y Asia la inversión fue de 12,1 y 6,5 billones, respectivamente. No hay dudas por tanto en la necesidad de ampliar este montante. Algunas de las propuestas que recoge el Libro Blanco son:

  • Garantizar que al menos un centro de innovación digital por Estado miembro tenga un alto grado de especialización en IA.
  • Proporcionar financiación a los desarrollos innovadores en materia de IA con un plan piloto de 100 millones de euros en el primer trimestre de 2020.
  • Establecer una nueva asociación público-privada en materia de IA, datos y robótica.
  • Atraer a los mejores profesores y científicos y ofrecer programas de maestría en IA de primer nivel mundial.
  • Crear centros de excelencia y de pruebas que puedan combinar inversiones europeas, nacionales y privadas.

Libro Blanco Inteligencia Artificial

 

En cuanto al «ecosistema de confianza», propone mejoras en el marco legislativo para cubrir los posibles riesgos asociados a la inteligencia artificial. Reconoce la UE que estos sistemas son complejos y pueden generar desconfianza, pero recalca que las estrictas normas de la UE en materia de protección de los consumidores, que protegen los datos personales y la privacidad, seguirán siendo aplicables.

Para los casos de riesgo elevado, como los que afectan a los ámbitos de la salud, las actividades policiales o el transporte, los sistemas de IA –se recoge en el texto-  deben ser transparentes y trazables y garantizar una verificación humana. Las autoridades deben poder probar y certificar los datos utilizados por los algoritmos, como actualmente hacen con los cosméticos, los turismos o los juguetes.

Para las aplicaciones de IA de menor riesgo, la Comisión prevé un sistema de etiquetado voluntario en caso de que apliquen normas más estrictas.

Respecto al uso del reconocimiento facial para la identificación biométrica (actualmente prohibido) el Libro Blanco sugiere iniciar un debate sobre las circunstancias que, en su caso, podrían justificar esas excepciones.

Unión Europea Inteligencia Artificial