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8 inventoras españolas que cambiaron el curso de la historia

Los libros de historia no están llenos con sus hazañas, o sus inventos, porque en muchos de los casos no podían ni utilizar su nombre para registrar la patente, y usaban pseudónimos o el nombre de sus maridos porque se lo impedían las leyes de la época. En otros, porque los inventos son aún recientes y su desarrollo está por calibrar. Pero estas inventoras españolas han cambiado el curso de la historia.

Sus inventos, recogidos en el libro ‘Supermujeres, Superinventoras’ de Sandra Uve, van desde el e-book a las bolas chinas, pasando por la eco-food a un gel vaginal que evita el contacto del VIH sin necesidad de informar a la pareja. Esta es la historia de 8 mujeres españolas cuyas ideas transformaron nuestras vidas.

inventoras españolas

Ángeles Ruiz-Robles

El Ayuntamiento de Madrid dará su nombre a una calle en el distrito de Villaverde. No es para menos. La maestra leonesa fue la inventora del e-book 22 años antes de que Michael Hart se llevase el mérito en 1971. Lo llamó «Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros» y llevaba la patente número 190.698. Fue ideado por esta inventora con un propósito: liberar a sus alumnos de la carga que suponía llevar tantos libros a la espalda.

Margarita Salas 

La científica española falleció hace apenas dos meses, dejando a la ciencia española sin uno de sus referentes en los últimos tiempos. La investigadora inició el desarrollo de la biología molecular y realizó importantes aportaciones sobre cómo funciona el ADN, pero también fue inventora.

Salas patentó su sistema de amplificación de ADN en EE UU en 1989 y después en Europa en 1997 a nombre del CSIC. Durante los seis años en que la patente estuvo activa, entre 2003 y 2009, generó más de seis millones de euros. Se estima que los productos que incorporan la tecnología desarrollada por la científica española rondarán los 150 millones de euros en 2020.

Concepción Aleixandre-Ballester

Nació en 1862, pero sus inventos se adelantaron a su época. Como doctora en ginecología, ideó un dispositivo con dos pesarios mecánicos en forma de anillo que eran flexibles y se podían amoldar para adaptarse a la vagina. Su función era similar a la que hoy cumplen las bolas chinas: fortalecer el suelo pélvico.

Fermina Orduña

Fermina fue la primera mujer de la historia en registrar una patente a su nombre. No solo en España sino en todo el mundo. Lo hizo en 1865. Vaticinó el auge del eco food ahora presente en muchas ciudades vendiendo a domicilio leche recién ordeñada de distintos tipos (vaca, burra o cabra). El sistema funcionaba de forma automática: el animal subía a la máquina, era ordeñado, y la leche se servía en un tarro donde quedaba caliente.

mujeres soñadoras

Celia Sánchez-Ramos

En 1959, esta zaragozana inventó un sistema para autentificar la identidad a través del reconocimiento por córnea, un método de seguridad biométrica que ya han adquirido oficinas, bancos, hoteles y toda clase de empresas.

Sor Perboire

Su verdadero nombre es María del Carmen Ortiz de Arce, aunque se la conoce más como Sor Perboire. Ideó, antes de 1932, un sistema llamado Sor de lectroescritura,  una regleta con un punzón que permitía que los invidentes escribieran en braille, facilitando así el trazo de caracteres con relieve y detectables al tacto.

Elia Garci – Lara Catalá

Otra de las inventoras precursoras fue la valenciana Elia Garci – Lara Catalá, que en  1890 diseñó el “lavarropa”, un aparato para ahorrar tiempo en las tareas domésticas. Era un dispositivo multifunción que lavaba la ropa, la aclaraba, la secaba, la planchaba y, por último, la doblaba. Desgraciadamente nunca se comercializó.

Teresa Gonzalo

La joven investigadora creó en 2012 un gel vaginal que inhibe en un 80% el contagio del VIH para que algunas mujeres puedan protegerse sin permiso de su pareja, algo prohibido en según qué lugares del mundo. Ha fundado su propia empresa, Ambiox Biotech, para comercializar este gel, que es más económico que otros productos de prevención ya que los costes de fabricación son menores por no incluir moléculas biológicas.