16/05/2019

Imprimir comida es posible desde, al menos, 2007, pero no ha sido hasta hace muy poco cuando su uso empieza a formar parte de la cotidianeidad en restaurantes y servicios de catering del más alto nivel. Son muchas las cosas que ya pueden hacerse con una impresora 3D y que confieren al plato un toque distintivo de calidad.

El fundamento de la impresión 3D de comida es el mismo que en otras aplicaciones: todos los desarrollos se basan en la posibilidad de imprimir capas de material para generar las formas deseadas de antemano. El primer ensayo se realizó con galletas, en 2007, y tres años después ya se imprimía en chocolate. Hoy se pueden aplicar distintas formas a todo tipo de masas, azúcares, bombones, carne picada, quesos, purés e, incluso, trozos sólidos pequeños de cereales o frutos secos.

Antes de seguir, conviene aclarar que a día de hoy, las impresoras 3D no cocinan sino que crean formas a partir de ingredientes como el chocolate, el queso o la pasta alimenticia. No por ello son menos útiles porque sabido es que “la comida entra por los ojos”. Algunos hospitales han utilizado esta tecnología para cambiar el aspecto de sus platos ya hacerlos más apetecibles a los enfermos, reduciendo con ello los niveles de inapetencia

Ahora bien, ¿qué comidas se pueden hacer ya con impresoras 3D?

Fruta. El estudio de diseño Dovetailed ha desarrollado una impresora 3D para frutas. Y aunque no permite aún imprimir una naranja, utiliza una técnica 3D molecular llamada esferificación con la que se puede imprimir cualquier fruta en segundos, aunque en pequeñas burbujas. Los investigadores obtienen los sabores especiales de la fruta a través de la combinación de jugo de fruta y alginato de sodio en polvo.

Chocolate. CocoJet es una impresora 3D que funciona con chocolate como material de impresión. Realizada a través de la colaboración entre 3D Systems y Hershey’s Company es perfecta para la repostería o para los amantes del chocolate que desean crear modelos únicos.

Comida sana. La compañía Natural Machines, una empresa con sede en Barcelona, es responsable de la primera impresora 3D de comida que nace con la pretensión de fabricar comidas completas. La empresa trabaja ya con prototipos que integran la impresión 3D de los alimentos con la cocción de estos, lo que permitiría cargar la máquina con los ingredientes necesarios, seleccionar un plato en cuestión y esperar a que se obrara toda la magia. Suena a ciencia ficción, pero estará listo para ponerse a la venta a mitad de 2020.

Pasta Fresca. La conocida empresa Barilla desarrolló hace ya 3 años la primera impresora de pasta fresca, en colaboración con la compañía holandesa TNO. Ello permitirá enviar pizzas o pastas a gusto de los consumidores o crearlas de forma instantánea en el mismo punto de venta.

Palacios de azúcar. No es desde luego tan sano como otros proyectos, pero la Chef Jet pro es una impresora 3D de azúcar que ha permitido recrear, por ejemplo, el Palacio de Versalles con todo lujo de detalles. Desde luego una gran ayuda para los reposteros que hasta la llegada de esta tecnología tenían que hacerlo a mano.

Comida sin gluten. Sin duda una gran solución para los celíacos. La empresa italiana WASP ha modificado una de sus impresoras con un nuevo tipo de extrusor, especializado en la extrusión de masa. Así han conseguido desarrollar con éxito diferentes formas y modelos que todo el mundo puede comer. Se espera que diferentes chefs adopten la idea del proyecto para crear formas sin gluten al instante.

No se acaba aquí la aportación de la tecnología 3D al sector de la restauración: hay vajillas impresas en 3D, grifos, cafeteras y hasta comida generada a partir de residuos alimenticios, una iniciativa surgida en Holanda en pro de la sostenibilidad. En Barcelona, el bar Ex-designer ha sido construido totalmente en 3D, así como la cafetería de 2.700 metros cuadrados que Starbuks ha abierto recientemente en Shanghái. Hasta en Marte podría haber casas impresas en 3D en un futuro no muy lejano. No hay duda, la impresión 3D ha llegado a nuestras cocinas.