27/07/2026

La publicación de contenido digital de baja calidad es tan sencilla que ya está arrinconando el resto de contenidos. Según algunos estudios , ya se ha producido el sorpasso. La IA ya genera más artículos que los humanos.

Merriam Webster es una editorial norteamericana especializada en la publicación de diccionarios. Lleva haciéndolo desde 1828, y desde 1964 es filial de la Enciclopedia Británica. Al igual que hace la RAE, tiene por costumbre elegir una “palabra del año”, con la que selecciona un vocablo que haya tenido un gran impacto mediático y lingüístico. En 2025, el elegido fue “slop”. 

¿Qué significa esta palabra y por qué es tan relevante? Definirla es más fácil que traducirla. Merriam Webster la define como “contenido digital de baja calidad que suele producirse en grandes cantidades mediante el uso de inteligencia artificial”. Traducido sería más bien “bazofia”. 

El slop tiene el sonido húmedo de algo que no quieres tocar, de porquería que se cuela en todo. El sentido original de la palabra, en el siglo XVIII, era “barro blando”. En el siglo XIX llegó a significar “desperdicio de comida”, y luego, más generalmente, “basura” o “un producto de poco o ningún valor”. 

Igual que el correo electrónico trajo el vocablo “spam”, la inteligencia artificial ha arrastrado algo tan poco deseado como el “slop”, que no solo impide sacar el máximo rendimiento a esta tecnología sino que puede suponer un serio problema para las audiencias más sensibles. 

Una reciente investigación del New York Times ha destapado que, tras ver contenido infantil popular en YouTube, el 40% de los vídeos recomendados a continuación eran slop.  Esto refuerza aún más su cabe la necesidad de una mayor protección de los menores en internet y en redes sociales. 

Un estudio revela que el 40% de los videos recomendados en YouTube tras ver un contenido infantil son slop

Al contrario que el spam, o los ataques de phishing, el slop no busca interactuar con el usuario, sino hacer que pase más tiempo en Internet, viendo imágenes o videos de baja calidad que no han sido generados ni supervisados por humanos. Sus creadores buscan con ello captar tráfico y generar ingresos publicitarios. 

El principal problema es que erosionan la confianza hacia una red, Internet, donde también se comparte información legítima y necesaria. Su producción además es tan sencilla que ya está arrinconando el resto de contenidos. Según algunos estudios, ya se ha producido el sorpasso. La IA ya genera más artículos que los humanos. 

Otras investigaciones son más conservadoras. Un grupo de académicos de Stanford, el Imperial College de Londres y el Internet Archive publicaron hace unas semanas la primera investigación a gran escala sobre el impacto del texto generado por inteligencia artificial en la web. Los investigadores, a mediados de 2025, detectaron que aproximadamente el 35 % de los sitios web recién publicados se clasificaban como generados o asistidos por IA, frente al 0 % antes del lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022.  

Cabe aclarar que no todo el contenido generado por IA es slop. La inteligencia artificial generativa es una potente herramienta de trabajo que -ya nadie lo discute- multiplica la eficiencia de los trabajadores cuando está bien empleada. El riesgo, y el slop, consiste en eso, aparece cuando ningún humano supervisa su trabajo.   

Imágenes absurdas, vídeos manipulados, noticias falsas o publicaciones creadas en segundos inundan hoy las plataformas digitales, dificultando distinguir la información fiable del simple ruido. El problema ya no es solo la desinformación, sino la degradación del ecosistema digital y el impacto que estos contenidos pueden tener sobre los usuarios más vulnerables: los menores. 

Cómo combatir el slop 

Combatir el slop exige combinar alfabetización digital, responsabilidad de las plataformas y regulación. Los niños y adolescentes son especialmente sensibles a estos contenidos, ya que pueden asumir como veraces mensajes fabricados por algoritmos o verse expuestos a materiales manipulados que favorecen la desinformación, el acoso o la difusión de estereotipos. Enseñar pensamiento crítico desde edades tempranas y dotar a las familias de herramientas de supervisión resulta tan importante como desarrollar sistemas capaces de identificar y etiquetar los contenidos sintéticos. 

slop

España ha comenzado a mover ficha. En los últimos tiempos ha cobrado fuerza la propuesta de impulsar un Pacto de Estado en defensa de los derechos de los menores en Internet, con el objetivo de reforzar la protección frente a los riesgos derivados de las plataformas digitales y del uso masivo de la inteligencia artificial. La iniciativa, a la que desde un primer momento se ha sumado DigitalES, busca promover un marco estable que implique a administraciones, empresas tecnológicas, comunidad educativa y sociedad civil. 

En esa misma dirección se sitúan otras iniciativas respaldadas por DigitalES, la patronal española del sector de las telecomunicaciones. La asociación ha apoyado medidas para reforzar la seguridad digital de los menores, impulsar la verificación de edad en los servicios online, promover entornos digitales más seguros y fomentar programas de educación y capacitación digital para familias y estudiantes.  

La lucha contra el slop no consiste en frenar la innovación, sino en garantizar que la inteligencia artificial contribuya a construir un espacio digital más seguro, fiable y saludable para las nuevas generaciones. Hay muchísimo trabajo por hacer, pero uno de los primeros pasos es reconocer y etiquetar esta amenaza. Si el término spam ayudó a entender y combatir los correos no deseados, quizás esta nueva apalabra pueda servirnos para concienciar sobre todos los peligros que trae consigo una IA sin supervisión. Es, por lo menos, un punto de partida.