21/03/2022

El 98% del tráfico de Internet circula hoy a través de cables submarinos. Cruzan mares y océanos, “amarrando” en tierra a través de data centers y haciendo posible que accedamos a cualquier servicio online en apenas unos milisegundos.

En realidad, las comunicaciones llevan utilizando este sistema desde 1850, cuando se tendió el primer cable telegráfico submarino entre Inglaterra y Francia, una estructura de cobre que solo funcionó hasta que un pescador enganchó sus redes con el invento, partiéndolo al poco de su estreno.

Sin embargo, los sistemas evolucionaron y solo 8 años después ya se pudo establecer la primera conexión telegráfica entre el presidente de Estados Unidos y la Reina de Inglaterra. Era el principio de un modelo de comunicación que hoy conecta a todo el planeta a través de 436 cables submarinos de fibra óptica, de los que 37 pasan por España.

Cables telegrafos

Nuestra situación geográfica hace que la Península Ibérica, nudo de comunicación entre Europa, África y América a lo largo de la historia, incremente su peso geoestratégico en los inicios del siglo XXI. Es una oportunidad de incrementar la relevancia internacional de España en la emergente economía global digital, al tiempo que reducimos en unos decisivos milisegundos extra las comunicaciones en nuestro país.

Gracias a los cables submarinos de fibra óptica, los datos fluyen 16 millones de veces más rápido que la mayoría de las conexiones fijas domésticas. Y la importancia de los datos no deja de crecer. Fuentes de la consultora IDC cifraron en 64,2 zettabytes el volumen de datos globales en 2020, una cifra que se situará en los 175 zettabytes en 2025.

Por situarlo en contexto, un disco duro standard de un usuario personal suele tener 1 TB de capacidad. Un zettabyte son mil millones de terabytes.

Unidades almacenamiento de datos

Ese ingente consumo de datos y esa previsión de crecimiento hacen que cada vez sean necesarios cada vez más cables submarinos, y otorgan a España una posición de ventaja competitiva valiosísima para el futuro. Por varias razones, más allá de la geografía:

En primer lugar, el mercado británico, habitual punto de anclaje de las comunicaciones entre EE.UU. y Europa, está saturado. La siguiente “parada” solía ser Ámsterdam, que también se encuentra ya al borde del colapso. En este contexto, España constituye un punto de amarre alternativo muy interesante.

También influye el tipo de costa. Se buscan puntos de amarre donde la llegada sea más arenosa. En esto España presenta una ventaja respecto a otros países, donde el acantilado marino complica la instalación de cables submarinos.

Asimismo, el contexto es ahora más favorable. El secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, Roberto Sánchez, apuntó hace unos meses que el Gobierno tiene previsto eliminar barreras de tipo administrativo a esta actividad, de modo que pueda encontrar en España un centro neurálgico para sus operaciones.

A todo lo anterior se suma la apuesta decidida de empresas como Islalink o Telxius decisivas para que podamos acceder a Internet desde nuestros ordenadores o teléfonos móviles.

Telxius Telecom cuenta con una de las redes de cable más grandes y con mayor potencial del mundo. Se trata de una red internacional de cables submarinos de fibra óptica de gran capacidad, que alcanza una extensión de 94.000 kilómetros entre los que destacan sistemas de nueva generación como Marea, Brusa y Mistral, así como SAm-1, el sistema que conecta desde el año 2000 Estados Unidos con América Latina.

https://www.youtube.com/watch?v=ODXzxzPWUGQ

94.000 kilómetros de cables

El más icónico o mediático de ellos, Marea, consiguió batir hace dos años el récord mundial de velocidad de transferencia, alcanzado los 26,2 terabits por segundo. El cable, de 6.600 kilómetros de longitud, une Bilbao (España) con Virginia Beach (Estados Unidos).

Además, través de su red IP Tier 1, Telxius Telecom proporciona conectividad directa a Internet con una cobertura de 93 puntos de presencia y 27 estaciones de amarre en 23 países, conectando con éxito Estados Unidos, América Latina y Europa con el resto del mundo.

Por su parte, Islalink se encarga de gestionar los cables que unen la Península Ibérica con Baleares, pero también de otros proyectos internacionales como el que comunicará el sur de Italia con Grecia, a través de las localidades de Crotone y Preveza.

De Atenas a Milán, el tráfico de Internet deberá pasar necesariamente por Ionian, un cable de 345 kilómetros que atenderá a la creciente demanda de datos de la región y servirá como alternativa a cables submarinos más antiguos o las rutas terrestres que atraviesan Bulgaria y los Balcanes.

Cable Italia Grecia

Reconstrucción de La Palma

La conectividad digital, impulsada y sustentada por los cables submarinos, también puede y debe impulsar la recuperación de una zona afectada por catástrofes naturales, como es el caso de la isla de la Palma, afectada por la erupción volcánica del pasado año. A tal fin, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha publicado una consulta preliminar de mercado solicitando información para el desarrollo del proyecto Redundancia de la Red Óptica Marítima de RedIRIS.

El objetivo de esta actuación es reforzar la conectividad digital de la isla y utilizarla como elemento tractor de una reconstrucción basada en la innovación y el conocimiento. La robotización progresiva de los instrumentos de observación y el incremento exponencial del volumen de datos que generan, convierten las telecomunicaciones avanzadas en uno de los principales factores para decidir sobre los emplazamientos de los futuros telescopios e instrumentos de última generación, como el Thirty Meter Telescope (TMT), un proyecto internacional que pugnan por acoger tanto Hawaii como La Palma.

Y es que son muchas las cosas que dependen de los cables submarinos. Si todo va sobre ruedas, en 2023, España será cabeza de ‘2Africa’ un cable transcontinental  de 37.000 kilómetros de longitud. El punto de partida será Barcelona y el otro extremo sería Reino Unido. La infraestructura rodeará todo el continente africano gracias al canal de Suez, parando en múltiples países. En este caso, el consorcio que lo impulsa cuenta con la participación de Orange, Vodafone y también de Facebook.

En definitiva, muchas razones para impulsar y proteger los proyectos que ya están en marcha que, unidos a nuestra privilegiada situación geográfica, están convirtiendo a España en un imán para los cables submarinos internacionales.