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Cómo imaginaron los sabios de 1932 el futuro en el año 2000

Predecir el futuro es una de las tareas más complicadas que existen. Los grandes filmes de ciencia ficción de los años 70 y 80 nos hablaban de naves espaciales, aeropatines y robots, pero no del protagonismo de Internet, una red que en realidad ya existía por entonces.

Gracias a la  tecnología, el mundo ha evolucionado a una velocidad de vértigo, especialmente a partir del año 2007, año en que confluyeron la vez el lanzamiento del iPhone, del Kindle, de Android, de AirBnB, del sistema de Inteligencia Artificial Watson y el despegue de Twitter y Facebook.

Ése fue, según el psicólogo y profesor universitario Antonio Pamós, el momento en que el ritmo de cambio superó la capacidad humana de adaptación. Eso hace que la sociedad actual demande una “actitud digital” para enfrentarse a todos los desafíos derivados de la velocidad de los cambios.

Pamós, que realizó estas afirmaciones en un desayuno-coloquio organizado por DigitalES, recuperó un texto publicado en el año 1932 en el diario Ahora para subrayar los grandes cambios que en la sociedad española se han producido desde entonces, y los que aún quedan por llegar.

En estas predicciones, en las que participaron respetadas figuras de todos los ámbitos como Gregorio Marañón, Ricardo Zamora, el Conde de Romanones, Celia Gómez o Ramón del Valle Inclán, los consultados dieron –desde la recién inaugurada II República- su visión sobre el mundo que encontraríamos en el año 2000, acertando alguna de pleno y fallando en otras estrepitosamente.

Pero, ¿qué pensaban este grupo de hombres sabios? Repasamos sus predicciones para ver, con asombro, un importante número de aciertos

Aciertos (con matices):

Existirá igualdad de derechos real. Se sigue trabajando en ello y no en vano es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible suscritos por 193 países, pero la situación ha mejorado mucho en España desde 1932

No habrá muertes por enfermedades infecciosas. Se acababa entonces de descubrir la penicilina, y aunque no se puede afirmar que hayan desaparecido del todo, su reducción es muy significativa

Se habrán descubierto nuevos sistemas planetarios. Y siguen descubriéndose a día de hoy. El último, el pasado mes de julio a 31 años luz de la Tierra.

40 millones de habitantes en España. En esta predicción lo clavaron

El futuro año 2000

Hombres mecánicos realizarán las tareas domésticas. Con mucho matices, pero desde las lavadoras hasta las más modernas ‘roombas’, cada vez más tareas domésticas son delegadas en robots.

Acceso universal a la universidad y al divorcio. Algo plenamente conseguido en España.

El fútbol será el deporte nacional. Puede parecer una obviedad pero en 1932 solo se habían disputado 3 ediciones de la Liga y el fútbol era solo un deporte más en España. 100% acierto.

Llegará el coche eléctrico. En sus predicciones, Oscar Leblanc afirmó que este vehículo ya existiría, pero su servicio generalizado reemplazando absolutamente al actual tenía un horizonte mucho más remoto que el año 2000. Bingo.

Aparatos volarán a 1.500 kms/h. Se dijo entonces que Buenos Aires quedaría a 10 horas de Madrid. En la actualidad, un trayecto medio en avión comercial está entre las 12 y las 14 horas. En aviones no comerciales, la velocidad de 1.500 kms/h está ampliamente superada.

aviones del futuro

Errores

No habrá reyes. Siguen existiendo monarquías en el siglo XXI

Fin de la tauromaquia. Aunque su popularidad se ha reducido respecto al primer tercio del siglo XX, los toros siguen siendo un espectáculo en gran parte de España.

El cine acabará con el teatro. Se volvió a decir respecto a la televisión y la radio, o Internet y la prensa escrita. Casi siempre acaban coincidiendo y cada una encuentra su espacio.

La sierra de Madrid formará parte de la capital. El crecimiento de las urbes ha sido espectacular, pero Madrid no se ha extendido 60 kilómetros hacia el norte.

cine y teatro

 

De la electrificación a la datificación. El fin del mundo tal y como lo conocemos.

Es absolutamente imposible describir el futuro que está por llegar. Basta, como ejemplo, ver las muchas películas de ciencia-ficción de los años 70 y 80, donde coches voladores o aeropatines estaban a la orden del día, pero nadie habló de Internet.

Sin embargo, es posible anticipar o prever cómo van a cambiar nuestras vidas fijándonos en lo que desaparece. Igual que los videoclubs, la URSS o el fax son parte del pasado, pronto lo serán cosas hoy tan cotidianas como el dinero, el trabajo, las tiendas, el petróleo o los volantes.

Sobre esta premisa ha escrito Marta García Aller ‘El fin del mundo tal y como lo conocemos’, un libro que se ha colado entre los best-sellers de no ficción en lengua española y que sirvió de antesala al debate en los desayunos organizados por DigitalES, Las mañanas del Mañana

La invitada a los desayunos de DigitalES repasó también muchos otros finales. El de los volantes –que fechó para la década de los 40- el del petróleo –superado por nuevas formas de energía- el de las tiendas o el del dinero, que llevará consigo el fin de las colas al suprimir los puntos de pago, el proceso más doloroso de una compra.

También advirtió que el proceso de aproximación a la tecnología va a seguir un patrón parecido al aprendizaje de un niño, primero a través de las manos, luego de la voz. “Hemos aprendido a usar la función táctil de los smartphones, pero cada vez más lo haremos con la voz”, aseguró.     

Durante el mismo, la periodista de El Independiente lanzó, al igual que hace en su libro, una serie de reflexiones con el objetivo de invitar a los asistentes a pensar en un futuro cada vez más próximo en el que la “datificación», o extensión de los datos, va a suponer un impacto similar al que produjo en su día la electrificación.

Ya somos ciborgs –señala García Aller- El smartphone es parte de nuestra memoria, de nuestra capacidad de conversación. Hoy por hoy son una parte externa, pero ya son la antesala de la tecnología que será implantada en nuestros cuerpos”. “La tecnología que triunfa no es siempre la mejor, sino la más cómoda, la que nos hace la vida más fácil”, añadió, en referencia a los weareables.

Otro de los puntos en los que insistió fue en lo que llamó el final de las cosas. “Un adolescente no entiende que los contenidos de antes fuesen objetos y no se actualizasen al momento, como la enciclopedia Larousse”. “Ahora ya no queremos comprar objetos, sino servicios, pagar por el uso y no por la propiedad. Tener un coche como símbolo de libertad es ingenuo y viejuno, ahora los más jóvenes no quieren tener un coche, quieren usarlo”, explicó.

“Hasta la obsolescencia programada se está quedando obsoleta. Ya no queremos objetos, sino servicios, porque lo cool no es cuánto tienes, sino cuántas cosas haces”, afirmó tras subrayar la importancia de las redes sociales para comunicar precisamente todo lo que hacemos. 

Asimismo, apuntó que la tecnología está produciendo ya modificaciones en el cerebro humano: aumenta la capacidad de consumir información pero decrece la de atención. “Y también en el comportamiento. Desciende la empatía con el uso del WhatsApp, ya que al no ver la reacción de los receptores del mensaje nos deshumanizamos”, añadió.

La periodista quiso también hacer un llamamiento a la responsabilidad de las empresas tecnológicas en este siglo XXI. “Habría que controlar algunos de los peligros de su uso, como por ejemplo mandar WhatsApp mientras se va conduciendo”, dijo.

Por último, afirmó sin tapujos que la privacidad, un producto de la era industrial y la vida en grandes ciudades, va a desaparecer. “Pero tampoco hay que mitificarla. Cuando se vivía en aldeas tampoco existía y en una sociedad conectada es más que probable que se acabe”, concluyó.       

Ignacio de la Torre: “la tecnología traerá mejores sueldos, más salud y menos horas de trabajo”

Aunque tiene 4 licenciaturas, Ignacio de la Torre es medievalista. Como tal se definió en la charla sobre Disrupción Tecnológica organizada por la asociación Digitales, con la que el historiador abrió la temporada 2018 de ’Las mañanas del Mañana’, el formato-debate donde distintos humanistas analizan los cambios que la Transformación Digital aporta a la sociedad de nuestros días.

¿Y qué puede aportar un experto en historia medieval a una audiencia compuesta principalmente por ingenieros y expertos en tecnología? Fue la primera pregunta que se hizo el ponente y tuvo rápida respuesta, pues su disgresión captó rápidamente la atención de todos los asistentes al evento. Y es que, en su opinión, la mejor forma de perder el miedo es estudiar historia.

“La tecnología genera miedo, sobre todo a perder el puesto de trabajo. Así pasó también a principios del s.XX cuando se introdujo el primer robot, el tractor. El tractor generó un miedo enorme, pero a la vez impulsó la escolarización masiva, ya que los niños no tenían que trabajar en el campo y podían ir a la escuela. Ello generó mejores empleos y un gran cambio en la sociedad. Entonces más del 40% de la población de EE.UU. trabajaba en el campo, y ahora solo lo hace un 3%”, explicó.

De la Torre planteó una visión optimista de la revolución tecnológica, aunque sin obviar los problemas que está producirá. “El reto es crear trabajos a la misma velocidad que se destruyen”, algo complicado que ya se planteó Keynes en al año 1931, precisamente en una conferencia en Madrid. 

“El mayor problema está en el corto y medio plazo, y especialmente en las personas con menor nivel de estudios o cualificación, ya que los trabajos creativos difícilmente son reemplazados por máquinas”. En esta línea, apuntó que “si más de dos terceras partes de un trabajo son automatizables, ese trabajo va a desaparecer”.

No obstante, recordó el caso de los cajeros automáticos, que pese a generar un gran desasosiego en el sector, no han acabado con los empleados de banca, sino que ha reconvertido sus tareas. Y el comercio electrónico, añadió, ha creado más puestos de trabajo desde 2007 de los que ha perdido la distribución tradicional.

El Economista Jefe de Arcano repasó también cinco de las principales tecnologías disruptivas del momento y el modo en el que éstas pueden afectar a la sociedad y al mercado de trabajo: Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, Vehículos Autónomos, Blockchain e Impresión 3D. En este punto, destacó que su popularización puede afectar incluso al modelo geopolítico, ya que las grandes empresas pueden volver a fabricar en el primer mundo. “Es el caso –contó- de Adidas, que ya está imprimiendo zapatillas en 3D en fábricas de Alemania y EE.UU. en lugar de confeccionarlas en países emergentes”.

Sin embargo, aclaró que los grandes cambios que impondrán estas tecnologías están aún por llegar. Uno de los aspectos a desarrollar será la llamada inteligencia artificial “ancha”, que permitirá, por ejemplo, que los vehículos autónomos sean una realidad adoptada por más de un 75% de la población, como sí lo son hoy los smartphones o Internet. 

Según el historiador, todos estos cambios traerán consigo grandes beneficios. Se trabajará menos horas al aumentar la productividad, tendremos mejores sueldos, ocupaciones más divertidas o creativas y se vivirán muchos más años. “La pobreza global se ha reducido más en los últimos 50 años que en los 500 anteriores”, destacó.

“El riesgo está en las personas con pocos estudios, y en especial para aquellos que pierdan su empleo en torno a los 50 y lleven 35 años sin estudiar. Por eso hay que apostar por una formación continua, máxime cuando las perspectivas de una vida más larga harán que la jubilación no llegue hasta los 70 o más adelante”, concluyó.  

Florentino Portero: “Las revoluciones siempre generan enormes trastornos antes de producir grandes beneficios”

Todas las revoluciones siempre generan enormes trastornos antes de producir grandes beneficios, y la revolución digital, que va a provocar cambios muy importantes, actuará sin duda en esta línea. Así se expresaba el historiador y analista de Relaciones Internacionales Florentino Portero, en los encuentros ‘Las mañanas del mañana’, organizados por la Asociación Digitales el pasado 15 de diciembre.

En este foro, donde se analizan desde un punto de vista humanista las consecuencias de la Transformación Digital, el profesor de historia contemporánea repasó el efecto que las distintas revoluciones han tenido en los comportamientos humanos, aseverando que la única constante en la historia de la humanidad es el cambio.

“Ese cambio puede tener una velocidad u otra, y en función de ello puede tener efectos demoledores al cambiar la normalidad. Sin esta normalidad, que es simplemente un acuerdo, la gente se pone nerviosa y aparecen las tensiones”, aseveró.

“Hay que educar en la innovación y trasladar el mensaje de que innovar y que no te salga no es un fracaso, sino una experiencia”. 

Portero explicó que las revoluciones se producen cuando se producen cambios profundos en la ciencia, que luego se aplican a la ingeniería. Estos se trasladan después a las empresas y producen cambios sociales que se llevan por delante el sistema político. Así ha ocurrido con la invención del fuego, el neolítico, el renacimiento, la ilustración o las distintas revoluciones industriales.

En su opinión, hoy estamos asistiendo a la 4ª revolución industrial, que va a ser al menos tan profunda como la primera y eso conllevará cambios profundos en el empleo y la estructura de la sociedad.

“El nuevo modelo económico plantea una nueva política de personal donde los muy educados o preparados van a tener posibilidades que nunca antes han tenido, pero eso va a producir grandes desigualdades. Nunca ha sido tan fácil crear una empresa, pero quienes no lo hagan o no sepan cómo encajar en las existentes crearán problemas políticos o sociales al desaparecer gran número de trabajos poco cualificados. Se van a crear más desigualdades de renta y eso no es fácil de explicar a una sociedad educada en la igualdad”, dijo.

La solución, aseguró, pasa por invertir en los primeros años del sistema educativo, donde se hace necesario “formar a personas que entiendan la necesidad de formarse constantemente”. No es tan importante una especialización en conocimientos que caducan en muy poco tiempo sino entender que los nuevos profesionales tendrán que estar siempre reciclándose. “Hay que educar en la innovación y trasladar el mensaje de que innovar y que no te salga no es un fracaso, sino una experiencia”.

Portero explicó que, ante un cambio de época, las élites rectoras deben hacer la pedagogía necesaria para explicar bien este cambio y adaptar las estructuras del Estado a la sociedad actual. “La revolución actual es muy importante y da paso a un nuevo mundo. La Europa de antes de 2007 no va a volver”, dijo el historiador, quien señaló que las clases políticas no han hecho bien su labor de incentivar al empresario. “Los cambios producen grandes beneficios, pero será preciso superar este periodo de adaptación”, concluyó.  

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