07/07/2026
En los próximos 20 años se mandarán al menos 400 misiones a la luna. Y lo harán con un objetivo claro, quedarse allí para siempre. La carrera espacial de los años 70, donde lo geopolítico primó siempre sobre lo científico, es parte de pasado. Lo que busca ahora la humanidad es aprovechar las ventajas de nuestro satélite para construir allí, partiendo de cero, una sociedad muy diferente.
Desde Jeff Bezos a Elon Musk, son muchos los que han invertido en esta idea, a la que no es en modo alguno ajena la ciencia española. Así lo explicó en el DigitalES Summit 2026, el director de la Agencia Espacial Española, Juan Carlos Cortés, quien compartió una visión esclarecedora: la economía lunar será una economía nativa digital. No digitalizada, como la terrestre, sino concebida desde su origen sobre capas tecnológicas, datos y automatización.
Su intervención dibujó un escenario donde la próxima gran frontera económica no estará solo en la exploración espacial, sino en la construcción de un ecosistema productivo completamente nuevo, en el que lo físico y lo digital nacerán simultáneamente.

Juan Carlos Cortés, en DigitalES Summit 2026
Su tesis es clara: mientras la Tierra ha ido incorporando progresivamente lo digital a una economía preexistente, la Luna será diferente. Allí no habrá legado analógico. Todo -infraestructuras, energía, movilidad, logística o comunicaciones- se diseñará desde el principio bajo lógica digital. El concepto de «seguridad desde el diseño», tan usado en tecnología, se aplica ahora a todo un cuerpo celeste. La luna será digital desde el principio, desde el diseño.
Así funcionará la economía lunar
Y todo en un plazo extraordinariamente rápido. «Yo le pongo 10 años, no más», dijo Juan Carlos Cortés, en el Digitales Summit. En un nuevo mercado donde los datos serán el principal activo estratégico, el responsable de la Agencia Espacial Española puso varios ejemplos concretos de cómo funcionará esta economía.
El primero: la construcción. Los futuros hábitats lunares no se levantarán con materiales transportados desde la Tierra, sino con regolito (el polvo lunar) transformado mediante impresión 3D y sistemas de control numérico. Construcción automatizada, optimizada y autónoma.
El segundo: la energía inteligente. La Luna necesitará redes híbridas que combinen energía solar y reactores nucleares compactos, gestionadas digitalmente para garantizar estabilidad en un entorno extremo.
El tercero: la conectividad lunar. Igual que internet vertebra la economía terrestre, la Luna requerirá una red de telecomunicaciones propia para conectar vehículos, sensores, bases y astronautas en tiempo real.
Y el cuarto: la navegación de precisión. Europa ya trabaja en una suerte de “Galileo lunar”, una infraestructura de posicionamiento que permita operaciones logísticas, extracción de recursos y movilidad autónoma.
Estos cuatro pilares anticipan una economía donde el software no será accesorio: será infraestructura crítica. Para Cortés, el espacio es, sobre todo, un ecosistema de generación y procesamiento de datos. Datos de navegación, comunicaciones, observación, posicionamiento o mantenimiento predictivo.
Latencia e interoperabilidad, claves del espacio
Y aquí aparecen dos conceptos clave. El primero es la latencia. En la Luna, reducir el tiempo entre la captura del dato y su uso será vital. En operaciones robóticas, minería autónoma o sistemas de soporte vital, milisegundos pueden marcar la diferencia entre eficiencia y fallo. La lógica ya no será solo almacenar información, sino procesarla casi instantáneamente.
El segundo es la interoperabilidad. Cortés advirtió sobre un problema ya visible en Europa: la fragmentación tecnológica. Constelaciones distintas, sistemas incompatibles y arquitecturas nacionales aisladas generan ineficiencias. En la Luna, donde convivirán agencias, empresas privadas y múltiples países, la interoperabilidad será condición de supervivencia. Sin estándares comunes, no habrá economía lunar escalable.
Aquí es donde, a su juicio, emerge una oportunidad estratégica para España. Nuestro país ocupa una posición singular en esta nueva economía por varias razones. La primera es su liderazgo mundial en segmento terreno, es decir, la infraestructura terrestre que controla, opera y protege sistemas espaciales. Es un área menos visible que los cohetes o los satélites, pero esencial.

Pero también una de las más vulnerables. Como recordó Cortés, la mayoría de los ataques a infraestructuras espaciales no se producen en órbita, sino en tierra: estaciones de control, redes de transmisión y centros de procesamiento.
España tiene además capacidades consolidadas en comunicaciones seguras, inteligencia artificial aplicada al espacio, fotónica, computación cuántica y procesamiento a bordo, tecnologías todas ellas críticas para la próxima economía cislunar. También juega un papel creciente en lanzadores con proyectos como PLD Space y su cohete Miura 5, un activo estratégico porque, como recordó Cortés, el acceso al espacio solo representa el 7% de la economía espacial, pero habilita el 93% restante.
El mensaje final fue una advertencia. Cuanto más digital es un sistema, más vulnerable se vuelve. La sostenibilidad orbital y la resiliencia de las infraestructuras serán tan importantes como la innovación. Hoy hay unos 15.000 satélites en órbita y regiones como la LEO comienzan a saturarse. A eso se suma la amenaza de eventos solares extremos, como un nuevo “evento Carrington”, capaz de paralizar la infraestructura digital global durante años.
Por eso, la economía lunar no solo deberá ser eficiente, sino también segura, sostenible y resiliente. Estos desafíos, ya importantes en la Tierra, encuentran ahora un nuevo espacio donde ganar, si cabe, relevancia. El espacio es una industria digital. Y la Luna será su primer territorio diseñado desde cero.











