22/05/2026

La inteligencia artificial está redefiniendo de forma transversal todos los sectores de actividad. Desde la agricultura a la energía, pasando por la formación, la programación o el periodismo. Ningún sector es ajeno a estos profundos cambios, y tampoco lo es el militar. 

Menos aun cuando Defensa y Tecnología son dos conceptos íntimamente ligados desde tiempos inmemoriales. Internet no es sino la evolución de un proyecto militar, desarrollado para resistir un ataque nuclear en tiempos de la Guerra Fría. Quizás nuestro mundo sería hoy muy diferente si los ingenieros norteamericanos no hubiesen creado en los años 60 un sistema de comunicaciones con estructura distribuida, capaz de resistir las agresiones en caso de conflicto. 

Ahora, una nueva revolución tecnológica se abre paso con fuerza para cambiar las funciones de una profesión que se reinventa con los tiempos. En la que, previsiblemente, los mejores soldados no sean los que tengan más fuerza física, sino los que mejor manejen herramientas disruptivas como la computación cuántica o la inteligencia artificial. 

“El rol del militar va a tener que cambiar: ahora debe evolucionar a ser el orquestador de distintas inteligencias artificiales para conseguir los objetivos de la misión”, explicó Icía Masid, consultora ingeniera del Centro de Referencia de Inteligencia Artificial del Estado Mayor de la Defensa (CRIA), durante el III Digitales AI Forum, un encuentro que congregó a más de veinte expertos de empresas punteras y de administraciones locales y nacionales. 

militar

Tradicionalmente, las capacidades militares se medían en términos de números de efectivos, supervivencia en el campo de batalla o potencia de fuego. Sin embargo, en un entorno operativo saturado de datos producidos por sensores, satélites, radares, redes y dispositivos conectados, la ventaja ya no reside en la fuerza bruta, sino en la capacidad de procesar, interpretar y usar esa información para tomar decisiones superiores más rápidamente que el adversario 

La IA habilita esa capacidad: permite integrar volúmenes inmensos de datos, extraer patrones relevantes y ofrecer recomendaciones para decisiones inteligentes en fracciones de segundo. Esto se traduce en mejoras sustanciales en logística, conciencia situacional, planeamiento de operaciones y soporte a la decisión.  

El nuevo militar moderno se asemeja cada vez más a un director de orquesta cognitiva, donde los instrumentos no son únicamente drones o sistemas no tripulados, sino módulos de IA que ayudan a prever amenazas, optimizar rutas logísticas, identificar objetivos o gestionar ataques cibernéticos. Más que ejecutar acciones físicas, el operador debe gestionar alianzas volumétricas entre sistemas humanos y autónomos, calibrando cuándo intervenir directamente y cuándo permitir que subsistemas inteligentes actúen con cierto grado de autonomía. En este contexto, el concepto de Human-AI Teaming -equipos humano-IA que cooperan para alcanzar objetivos operativos- se ha convertido ya en la base conceptual de la doctrina del combate moderno. 

La soberanía tecnológica como imperativo estratégico 

En los últimos años, la inversión en defensa se ha disparado en Europa. Entre 2021 y 2024, el gasto de los Estados miembros de la UE creció más de un 30%, alcanzando los 326.000 millones de euros, y se estima que aumentará en más de 100.000 millones hasta 2027. En España, el gasto en defensa ha pasado de 15.610 millones en 2022 a 33.123 millones en 2025, alcanzando por primera vez el 2% del PIB . 

Sin embargo, este gasto tiene, a tenor de los expertos, un problema que resolver: la excesiva dependencia de proveedores externos. En un mundo donde la tecnología de IA dicta velocidad de decisión, capacidad de disuasión y resiliencia frente a amenazas híbridas, contar con proveedores internos es una cuestión de seguridad nacional. 

Y eso no es algo que se construya de un día para otro. “Llevamos 40 años sin ser soberanos en temas de defensa. Tenemos que invertir en crear modelos ad-hoc para problemáticas ad-hoc y eso va a ser complejo”, advirtió Juan Gómez, Partner – Head of Security & Defense de NTT DATA, en la última edición del DigitalES AI Forum. 

Para España, iniciativas como Numant-IA reflejan este imperativo: se busca integrar IA en apoyo a la toma de decisiones, análisis de datos clasificados y logística sin transferir la autoridad decisional final a sistemas externos o proveedores privados, asegurando que siempre haya supervisión humana efectiva. 

El gran desafío: la confianza en los modelos de IA 

Pero ¿cómo confiar en un sistema de inteligencia artificial en el que puede basarse una decisión de vida o muerte? Es absolutamente vital que estos modelos no cometan alucinaciones.  En Defensa, las decisiones críticas deben ser tomadas en segundos. Una decisión basada en datos opacos puede ser catastrófica. 

inteligencia artificial en Defensa

Los modelos de IA pueden cometer errores, sesgar análisis o mostrar resultados no explicables. Por ello, la construcción de confianza confiable en sistemas de IA militar exige que estos sean explicables, verificables y sometidos a auditorías continuas, con métricas de confiabilidad y protocolos formales de validación antes, durante y después de su uso. Este enfoque de trust-by-design integra principios técnicos y operativos para asegurar que el sistema se comportará según lo esperado incluso en condiciones adversas. 

Para Andrés Escribano, Director Secure Infraestructure/Cibersecurity de Indra, hay tres grandes retos a la hora de emplear la inteligencia artificial en el ámbito de la Defensa. “Los datos para entrenar la IA tienen que ser válidos y trazables. Debemos depender de modelos que sepamos cómo se han construido. Y el entorno donde se entrenan los datos debe soberano y seguro”, dijo en el DigitalES AI Forum. 

Hay un enfoque en el que todos los expertos coinciden: sería un error estratégico sustituir completamente la decisión humana por sistemas automáticos.  Aunque la IA puede analizar datos y sugerir cursos de acción, la responsabilidad final por la aplicación de la fuerza o decisiones estratégicas debe recaer en un comandante humano.  

Ángel del Valle, Data & AI Strategy Senior Manager de Accenture sostiene que la IA puede ayudar, “pero es el hombre el que toma la decisión de forma consciente”. Para el experto, la IA “solo podrá escalar si es fiable”. “Si se percibe como impuesta y opaca será muy difícil implantarla en el ámbito militar”, añade. 

Una profunda transformación 

La llegada de la inteligencia artificial a los ejércitos no representa un simple salto tecnológico, sino una transformación profunda de una profesión que adquiere una nueva dimensión en el convulso escenario geopolítico de la presente década. El militar del siglo XXI debe articular capacidades cognitivas y tecnológicas, orquestando inteligencias artificiales específicas que aumentan su eficiencia y velocidad de respuesta.  

Para ello, deberá contar con sistemas confiables y explicables, sometidos a un control humano y que operen en entornos tecnológicos soberanos. Lograrlo requerirá de políticas favorables, inversión en talento y una clara visión estratégica. Pero las naciones que comprendan y adapten estos cambios estarán mejor situadas para enfrentar los desafíos de seguridad del resto de este siglo.